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Unidad Educativa San Vicente Ferrer

Hno. Gabriel Taborin | Fundador de los Hermanos de la Sagrada Familia

6 de noviembre de 2021

Período de Belleydoux (1799-1824). Gabriel nace en Belleydoux en 1799 de una familia cristiana que lo marcó profundamente. Durante sus años de formación asume el despertar de los laicos que se produce como consecuencia de la Revolución Francesa. Desde muy pequeño inicia una serie de actividades de animación en su parroquia natal. Pasa de los juegos infantiles de carácter religioso a un período de progresiva responsabilización: ejerce las funciones de cantor, sacristán, catequista, maestro de escuela en su pueblo. En este contexto, el joven Gabriel descubre muy pronto la llamada de Dios a la vida religiosa. Para responder a esa llamada busca una comunidad religiosa y, al no encontrar una que corresponda a sus deseos, las circunstancias lo llevan a fundar él mismo otra.

Período de vida itinerante (1824-1829). En distintos lugares de las diócesis de Saint-Claude y luego de Belley, continúa la «larga experiencia» de Belleydoux poniéndose a disposición de los párrocos como maestro y catequista; intenta «enseñar a otros» esas mismas actividades. La primera forma concreta que él da a su vocación religiosa laical es la de Hermanos de San José.

Período de Belmont (1829-1840). Después de superar numerosas dificultades, funda el Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia. El Hno. Gabriel pudo finalmente encarnar su proyecto: traza la identidad del Hermano en el Guía, regla de vida y de acción, aprobada por el obispo Mons. Devie, forma grupos de postulantes y novicios y envía a los primeros Hermanos como sacristanes a la catedral de Belley y como maestros a varias escuelas.

Período de Belley (1840-1864). Llega a esta ciudad, sede de la diócesis, con una numerosa comunidad. El Hno. Gabriel se consagra hasta el final de sus días a formar a sus Hermanos y a consolidar la Congregación. Obtiene la aprobación del Instituto por parte del Papa Gregorio XVI y de Carlos Alberto, Rey de Cerdeña.

Visita con frecuencia las escuelas y parroquias donde trabajan los Hermanos.

Escribe algunos libros destinados a niños y jóvenes y a las familias, en los que une la promoción cultural y la evangelización.

Reúne a los Hermanos anualmente para fomentar el espíritu de familia y para cuidar su formación pedagógica, humana y espiritual.

Se ocupa personalmente de las nuevas fundaciones, y de la construcción de la Casa Madre.

Aun conservando la nostalgia de la vida contemplativa, que sólo realiza en el monasterio de Tamié, anima la actividad de los Hermanos al servicio de la educación cristiana en las parroquias pobres del campo y de la animación litúrgica en las iglesias de algunas grandes ciudades, abierto a «toda clase de buenas obras».

Impulsado por el espíritu misionero, envía un grupo de cuatro Hermanos a Estados Unidos.

Busca para su Instituto el apoyo de personas e instituciones y encuentra, en medio de muchas incomprensiones y oposiciones, quienes estiman y acogen su obra, como San Juan María Vianney, el cura de Ars, en quien encontró una amistad y un apoyo importante.

La vida del Hno. Gabriel está profundamente marcada por la cruz: paga en su persona de «religioso Hermano» el precio de una opción de vida que constituye una llamada a una mayor fraternidad tanto para la Iglesia como para el mundo.